
PRÓLOGO
Hubo un tiempo en que necesité escribir 2000 poemas para fortalecerme, protegerme, nutrirme (sin saberlo). Cuando me di cuenta que esos 2000 versos habían culminado, no quise que fuese en vano el esfuerzo hecho. Entonces seleccioné los versos que más sentía que me llegaban en cuanto al recuerdo de una vida en el sur y de una muchacha que tanto quise. En algunos casos elegí los más carnales, vivos y súper vivos. En otras datas seleccioné los más artísticos, pero como no había escrito tantas maravillas (la mayoría eran y son poemas de poca calidad artística), elegí un diez por ciento de lo escrito en puño y letra (sistema que ya no uso; me quedó cansada la mano – no mano).
Aquí una selección de la selección; 50 versos elegidos de entre 200, que son, estos 200, los poemas que conforman el libro Poemas de mi piel, libro que mandé a algunos de mis contactos presentes, allá por el año 2004. Volviendo a los versos borradores, los escribí entre 2001 y 2004. Cuatro años de pena, desamor, despecho, impotencia, encierro y alguna que otra enfermedad. Alguna secuela me quedó, pero hoy, estoy mucho, mucho mejor de lo que estaba en aquellos tiempos. Estoy feliz.
Cabe decirle, querido lector, que, como prometí en Fuegos sagrados, llevo un mes sin escribir un sólo poema nuevo. No volveré a hacerlo de momento. Estos versos, como explico en el párrafo anterior, son antiguos (viejos). Están re – seleccionados. Eso es todo.
En la dedicatoria nombro a una hermosa persona que ya no pertenece a mis sentimientos; logré sacarla del centro de mi amor. Está escrito su nombre en color gris, porque ya es parte de mi pasado. Pero no podía sacarla del libro ya que es el sentido que le da al mismo. En negrita, mi mejor amiga en la poesía y en la vida, Shirley Villalba, una agradable, inmensa persona. (Porque entiende la amistad entre el hombre y la mujer, como la entiendo yo).
Espero, con el corazón latiendo potente, que les guste y les vibre estos 50 poemas de mi piel.
Los quiero, me esperan y los vuelvo a querer.
D.M.
FAROLES
La luna alumbra como un faro
enorme de muelle nocturno,
la noche clara y con estrellas,
mi cabeza piensa en cosas bellas:
tu mirada, tus maneras...
La noche encantada por el silencio;
la plaza magistral de tranquilidad,
iluminada por luces de faroles;
los caracoles cantan en el mar
canciones mudas de eternidad.
La ciudad vacía de almas vivas,
algunos ruidos que pasan lentos,
mis ojos arden somnolientos,
me quedo mudo y sin aliento
en soledad de cálido viento...
Tu triste mirada que vuelve
y envuelve ahora la memoria,
el tiempo... invento inseguro
de inseguros como yo,
y entre faroles, aún te espero...
EL OTRO LADO DE LA NOCHE
Cuando esa persona no me hablaba
y su silencio era indiferencia,
no me quedó mas que marcharme
al otro lado de la noche
a hablar con el silencio
de la voz del vacío,
entre el aire
y la realidad de las cosas.
Entonces me extraje las venas
y con ellas hice una escalera
para treparme al muro en lo oscuro
y así lograr huir
al otro lado de la noche...
TU FLOR
Unas risas de amianto,
un espíritu de acero,
una coraza formando
la tierna forma del corazón.
En llamas toda mi habitación,
se me nublan los sueños
por el humo de ese fuego,
ya no hay viento que me salve...
En instantes todo será,
como suena, todo será...
Volveremos a empezar:
corazones separados...
Volveremos a empezar
cuando se extinga el incendio,
sólo ruinas quedarán,
y en los escombros... tu flor.
YA NADA ESTABA IGUAL
Somos esclavos de una cárcel invisible,
de los sueños imposibles,
del pasado que se aleja,
del futuro que nos deja.
Atrapados en la red del desprecio,
de ponerle a todo un precio,
del tejido del descuido,
de enredarse en el olvido.
Los tres tiempos que se juntan
en el pensamiento más puro,
pues tan solo importa uno:
el presente es más seguro.
La vida en el suelo del presente
de por sí es una esperanza,
y un derecho necesario
es que vuelva esa confianza...
Era la plaza rosal dorado;
había nacido la luna magistral,
su paz me estaba amansando
pero ya nada estaba igual...
DESORBITADO
Desorbitado,
mi órbita no es el tiempo
envasado en un reloj.
Sin órbita no tengo orientación
en los puntos cardinales
de la brújula del corazón.
Desorbitado. Desorientado.
Camino para atrás sin ver,
tengo los ojos cegados...
Desorbitado,
no encuentro órbita digna
que me regale nobleza.
Sobre mi órbita hay vacío,
encuentro belleza en las letras
que nacen de las entrañas
de una tierra en madrugada...
Desorbitado,
mi brújula es la fe
de un incierto destino...
MIENTRAS SUEÑAS
Me gustaría llegar
a la orilla de tu cama
y contemplar
las perlas de tus manos,
besar
los diamantes de tus ojos
y así escurrirme hasta llegar
a ese centro amoroso
que se oculta detrás
de la alfombra de tu corazón.
Cuando la luna pinte al cielo
de plata pura y blanquecina,
las marquesinas del idilio
volando alto estarán, lejanas...
aunque cercanas
al amor infinito.
Y tú soñando estarás
que te robo el corazón...
Mas no podría ser ladrón;
poeta sería... mientras sueñas...
MUÑECA
Eres una muñeca,
muchacha hermosa y delicada,
presumida,
del invierno engendrada;
eres hielo, eres nieve,
eres frío.
Eres una muñeca,
de plástico corazón;
nada respetas en derredor,
nada sientes al centro
de tu oscuro interior;
eres materia
de lo invisible.
Eres una muñeca,
tu humanidad es un velo
ocultando el puro amor;
eres contorno, costal
del asombro de mis ojos;
eres bella... pero helada,
eres dama congelada.
ME QUEMA
Me quema el cuerpo entero mío,
mi espalda parece disolverse caliente,
mi pecho ardoroso se hunde
en un lecho oscuro y derretido.
No me duermo, taciturna noche
donde el tiempo esta quieto
y el viento carece de aliento
parecido al que era tuyo.
No es un juego, es un fuego dentro mío
que me quema los huesos;
en el cielo la blanca luna contrasta
con mis oscurecidas entrañas.
El calor insoportable me invade,
hasta el frío parece quemarme;
nadie más para amarme
como tú me has amado...
Tu ausencia es llanto ardiente
que calcina mis mañanas
en un vaso de agua enferma
donde no cabe una sonrisa.
TODO SE POBLÓ
Velozmente todo se pobló
- todo en mi cuarto -
de papeles escritos
con versos distintos.
Tuve miedo al principio,
pero una luz me acompañó
y me ayudó a llegar entero,
aunque aún no he llegado...
Todo se pobló
de hierbas del pasado
hechas humo en el aire
- el humo: los recuerdos -.
Todo así se pobló, todo.
Mi mundo: mi cuarto
y el habitué de escribir
en rutinas despiadadas.
Sin mañanas ni tardes,
con noches inventadas
- lunas blancas de cartón -.
Y mi cuarto se pobló.
- Hojas con miles de versos,
cientos, sentimientos -.
Todo se pobló.
A LA COCINA
De mi alcoba a la cocina,
mareado de versos,
entre cuchillos y ecos;
así me siento en lo abstracto,
entre filos y recuerdos.
De mi alcoba a la cocina
hay tan solo unos segundos,
de esa cocina a la calle
hay un mundo por sanar.
¡Si este mundo fuera recto!,
pero recto de verdad,
quiero decir... sin horizonte
que desdoble el porvenir
porque nada se vea...
De mi alcoba a la cocina
sufro helada primavera
- tiemblo, trémula noche -
en la vera del río
del espeso caudal seco.
BODA DE SANGRE
Sombrío, el día es pálido en la tarde;
anubado, el cielo cubierto de nubes;
boda de sangre en mi alcoba,
ceremonia de silencio.
El horizonte hunde al sol
en las entrañas de su manto
de oscuras telas lejanas;
oculta las huellas el ocaso...
El blanco mercurio de la luna
es la cuna de mi alma;
hice alianza secreta
con el mundo de las letras.
En mi alcoba escribo
como respiro y como vivo;
alianzado a mudo mundo
del absurdo del talento.
El altar es un cuaderno
con cientos de versos escritos
que prometieron fidelidad
a mi sangre y aliento.
Boda de sangre, heridas venas...
En la arena de mi historia
fui ahogado, mudo y fiel,
cuando el mar hundió a mi orilla.
Hoy me invento: alianza al viento,
a los versos de mi aire;
hoy prometo amor de velas
en mi boda de sangre.
UNA DULCE Y TIERNA CANCIÓN
Una dulce y tierna canción,
al unísono del aire,
suena a cascabeles de miel
de todas las mieles del mundo.
Madrigal del corazón,
madriguera del amor
que refugia a los pobres corazones,
ricos de sentimientos.
Una dulce y tierna canción,
a veces sana, a veces herida,
a veces del mundo, a veces de nadie;
nadie sabe por quién suena
pero a veces se parece
a sirena de barco herido,
a pieles buenas con cicatrices,
a leyes puras del Universo.
Tengo un verso para ti, te lo regalo,
que seas feliz
como golondrinas sobre un mar
calmado de celeste de alba
y de brisas de mañana.
Una dulce y tierna canción,
alegre y triste,
suena a ti.
EN EL FILO DEL AMANECER
En el filo del amanecer: crepúsculo de mañana,
alba tranquila, fresca brisa que limpia.
El cielo parece lastimarse,
desgarrarse la piel invisible, celestial,
del corazón del firmamento...
y todo ese manto tempranero, naciente,
mancharse de sangre de amor.
En el filo del amanecer
canta el viento en silbidos
de aire envuelto, de brisas descansadas de mañana,
así: cuento en vida...
En el filo del amanecer,
me descubro con heridas permitidas
que se permiten un suave alivio
de felpa y de seda.
En el filo del amanecer
vuelve la esperanza del milagro
escondido en las entrañas
del misterio de las hojas de los bosques,
del rocío congelado de invierno
en campos y prados solitarios.
En el filo del amanecer: una bella melodía.
DOS BARQUITOS DE PAPEL
bajo lluvia de cenizas, de fuego en realidad.
Las hélices amargan el silencio enrarecido: decrépita noche.
Intemperie, acecho húmedo de cartón;
nos hemos abandonado:
no somos quienes fuimos;
somos la deriva de un río
y soles de días que no vuelven.
El cielo está nublado, oscurecido,
la tormenta es un fulgor de voces de fragores de terror,
tronares de luces y estrepitosas chispas blancas.
Dos barquitos de papel bajo lluvia de tormenta de un verano en pena;
dos barquitos ahogados.
MI OTOÑO
Ruedan hojas secas en la acera...
Mi otoño es gris, triste, melancólico;
es todas las cosas que se han ido
y ya no vuelven:
Una risa contenta, un llanto de alegría,
un sol de cielo y corazón
Es un cabello de remolino enredado en el viento,
la estación de la nostalgia donde viven los momentos
que no existen más;
es gris, triste, melancólico;
es todas las cosas que se han ido
y ya no vuelven.
TUS CAMINOS
El brocal de tu suspiro: luz débil del despecho.
Te cubrían envolventes luces de amor
en todo tu cuerpo, en toda tu alma,
en toda tú.
El costal de tu asombro: el desconsuelo.
Fue la culpa envenenada, toda mía,
de mi rostro y de mis ojos,
de mi ser.
El costado de tu ruta: ese bosque furtivo.
Ese bosque tuyo: vastedad de árboles
de azules altitudes en la noche,
árboles de calmado amor.
El borde de tu cama: sueño nocturno.
Hadas aladas en tu aire ensombrecido
de oscuridad de noche; faroles,
allí afuera y en tus sueños.
El rosedal de tus labios: orilla al mar.
El mar es el placer de amar y ser amado.
El mar es la orilla vencida, hundida,
en olas todas de pasión.
En despecho y desconsuelo frente a mí.
En soledad con tu bosque furtivo.
Tu sueño nocturno de nuevo corazón.
Tus olas de pasión: a otro amor entregaste
cuando ya lejos yo estaba.
EL COLOR DE LAS HERIDAS
Mis ojos, de color de trigo;
mis recuerdos de uva su color;
y ese corazón que sufre:
incendiado crepúsculo de atardecer.
Mis ojeras: del color de la miel
del otoño más triste.
La médula de mis lágrimas
es blanca pena de seda;
el azulado color de la noche:
ondulados sueños en el aire.
El rosedal de mis palabras,
en las frías mañanas,
es rosa de flor de puño y letra
de mis tempranos poemas.
La empalidecida piel de mis manos
de seco encierro y soledad,
cuales escriben esos versos
de misterio y rechazo.
Y me cubre esa membrana
delgada de negro oscuro color,
es noche y es arrullo
de los ojos con luz de los días.
Pero los días son un día
que como el viento regresa;
es día y tengo risas
del color de las heridas.
LA SEPULTURA DE MIS FLORES
El entierro de mis riendas
será comparecido
por un abismo en el aire
y un vacío dentro mío.
La sepultura de mis flores
rosas, de verano y cielo claro,
será mármol manchado
y eterno bronce nublado.
De mi corazón brotarán
flores de nieve en umbela,
ofreciendo belleza
a empañados corazones.
El lagrimear de esos planetas,
de luces distantes,
harán blancas mejillas
de empapadas pesadillas.
La sepultura de mis flores
será en umbría un quitasol
de flores mansas y acabadas
en un jardín de frío eterno.
FLORES MUERTAS EN INVIERNO
Flores muertas en invierno,
hundidas en las primeras nieves;
flores muertas bajo el frío
de ese blanco manto helado.
Blanquecinos copos suaves
caen del cielo a la tierra
blanca de un invierno anticipado
que no supo ser vano.
Atrás de hoy quedó el verano
con sus ríos y orillas,
y sus flores de colores,
y sus soles tropicales.
Hoy los pies me queman las nieves
de este invierno insolente,
desmesurado, despreocupado
por no hacerme desmayar.
Nieve de invierno: blanco horizonte
de espumas y neblinas
y brumas que todo cubren
en esa vasta lejanía.
Un desierto de blanca planicie,
manto suave del invierno;
abajo quedaron las flores,
atosigadas por las nieves.
LA POESÍA ME SALVA
El idilio no vivido - jamás -
El sueño inacabado, derretido.
La ilusión con alas rotas.
Las tinieblas de una historia - la mía -
El estanque de aguas turbias.
Un desértico lago,
secas lagunas.
Ríos que ya no fluyen - por frío -
Es que el invierno ha nacido
de las entrañas del mundo,
de los ciclos.
Mis venas congeladas, heladas.
Me cuesta la vida - mi herida -
Sangre, sudor, lágrimas, poesía.
Rocas caen sobre mí - por ti -
Todo lo siento vacío:
mi sangre, mi sudor, mis lágrimas...
La poesía me salva
de esa cárcel de vacío - de puertas abiertas -
Mi poesía es nada, no es vacío.
Y mi vida es abismo - yo soy el hombre
que cae al suelo -
¡Pánico en negra noche! - de todas las noches -
Y una vez más... la poesía me salva.
NO ME DIGAS
No me digas cómo estoy, ya lo sé: ya no estoy;
no me digas de tu amor: no comprendo el desamor.
No se puede comprar con dinero lo que quiero del deseo,
porque el deseo es querer amar, y el amar es amor,
y ese amor: no se puede comprar.
No me digas de tus labios... secos, desiertos, lejanos...;
no me digas, que me muero... y soy joven para ello...
No se puede encontrar, en las risas del tiempo,
tu risa de cristal, alegre y contenta; no se puede
encontrar, en los llantos del tiempo, tus lágrimas tristes.
No me digas, eterna, que en verdad me quisiste,
pues sería un puñal hondo cavado a un costado
intercostal, que siente y que quiere...
No me digas de nada en nada, no me digas;
no me digas como estoy, ya lo sé: ya no estoy.
PRINCESA
Mi princesa de los prados de algodón
y de suaves linos de luces tempranas.
El sol venidero en los cabellos
es el aura de tu augurio
de paz y felicidad,
y campanadas dulces de miel
al umbral de tu alma.
Déjame entrar: helado frío hace afuera,
donde estoy con piel de hielo
y hermética coraza, reprimido
del amor que me quema.
Mi princesa de corona de palomas
y sueños de libertad,
donde frontera no era el mundo
ni utopía el horizonte...
Princesa, mi princesa: dame esos besos
tuyos que me diste alguna vez
con tal lluvia de abril
y corazones de terciopelo;
medio cabello en el viento...
Sola me queda una sala
vacía de almas vivas y alegría
y verdaderos llantos dulces;
todo fue, mi princesa
de seco lecho de seda.
CORAZÓN
En lugar de mi corazón,
tengo una flor de quitasol
marchita y resignada
a morir en soledad.
En lugar de mi frente,
tengo un muro débil con fiebre
que se rompe en la tormenta
de piedras y aceros.
En lugar de quien fui,
tengo un pálido reflejo
de quien fui alguna vez,
antes de a ti conocerte.
En lugar de ti,
tengo una foto y un encierro,
una flor de quitasol,
un muro débil con fiebre,
un pálido reflejo.
Todo eso y una pena
tengo en lugar de tu amor;
todo eso y un poema,
en lugar del corazón.
TU SEMBLANTE
Tu semblante a la sombra
de fantasmas de la noche;
caídas pestañas,
es lejana la mañana.
Rosadas mejillas las tuyas,
de nieve y de frío;
de celeste la lluvia
aquietada en la amargura.
En penumbras apagadas,
es más que eso:
¡oscuridad total!;
telarañas tiene el cielo...
Y tu semblante lejano,
el que siempre he deseado:
allí intacto en la frontera
del destino esquivado.
Semblante celeste
porque solo ha sido cielo,
deseo, ilusión,
melancólica canción.
Semblante de tu amor
que aún me sigue engañando.
COMO YO SI TÚ NO ESTÁS
Será momento del viento que los recuerdos traerá,
que las copas moverá de los árboles tranquilos
en calmadas noches de octubre, o de abril, o de ayer...
Todo es vacío sombrío,
como yo sin tu voz, sin tus ojos, sin tu boca;
como yo sin tu mirada, sin ese brillo especial;
como yo sin tus caricias ni tus besos;
como yo sin ese corazón,
tan sensible que se quiebra en un aliento;
como yo sin tu alma, que vagando andará;
como yo desolado...
¡Como que mucho te extraño!
Y todo es vacío,
como yo entre la nada cuando tú me haces falta;
como años que no pasan;
como yo si tú no estás.
Soy un envase vacío cuando faltas,
cuando estás pero no estás;
solo vives en mi mente, y tu amor entre mis dedos
es aire sin aliento; es ciega locura;
un invento indecente, indigente y cruel.
Y melancólica es la niebla en el oscuro firmamento
de una mañana naciendo, aún con la luna
que lejana se ve tenue como luces de vela.
Es tan triste la aurora que lloran mis ojos
y de dolor se quiebra mi marchito corazón.
Todo es nostalgia, todo es tristeza en mi recuerdo,
¡pero qué ahogado es mi tiempo presente!;
todo es tan triste... como yo si tú no estás.
ASÍ ME MARCHO
Con la borrasca del agua
en el fondo de la niebla
- velo que ciega las mañanas -
y el frío en los huesos
y labios de mi cuerpo:
así me marcho.
Con un bolso de sueños
repleto, con vasta ilusión,
ayer sana, hoy herida;
con mi vida quebrada
en la esquina solitaria:
así me marcho.
Hacia el horizonte misterioso
de sombras y siluetas y secretos;
hacia allí: donde duermen los duendes
del amor puro y sincero;
hacia allí voy: algo entero.
Y así me marcho...
ALONDRA
Como una alondra de ojos marrones,
tu semblante es pálido y volátil;
tus comisuras: dos gaviotas
enamoradas de tu boca.
Como una alondra de dorados cabellos,
frente a mí te conocí;
tambores primitivos me avisaron
del castigo del silencio... Enmudecí.
Enmudecí y caí. Debajo de mis pies:
un abismo oscuro de silencio y soledad,
y de estrellas que se apagan y caen
al suelo de la desdicha.
Como una alondra, tú: clara muchacha,
de mejillas rosadas pero blancas;
la pena de tu llanto fluyó
como un río limpio de prejuicios.
Solo el pecado fue el muro de mis sueños
y de mis ilusiones;
solo mi sordo aire fue sordo
de tus bellas canciones.
Y tanto solo... que solo me he quedado,
sin ti: hermosa alondra, piadosa.
La luna: tu faro; y tú: mi dama.
Mi alondra se ha ido a volar sola.
HISTORIETA DE MI CICLO
Con principio en el año de nuevo siglo,
la historieta de mi ciclo.
Un ciclo: un período, una etapa,
un tiempo que cumplir;
los parámetros de mi enfermo dolor,
de mi encierro y soledad.
Hogar austral donde mi tumba construí,
junto a mis letras y recuerdos.
Ese aire sureño fue mi cerco,
mi cárcel de cristal empañado;
allí volvía al pasado siempre
que te llorara mi sirena;
allí bordaba poemas inocentes,
de impotencia y de silencio.
Cambió el año y la ciudad:
ya no eran blancos pastos.
Cambió el año, no así mi obsesión
por escribir sin acabar, sin cesar.
Mis poemas eran cientos,
y a miles se convirtieron;
rancias páginas de gastada historieta
de un hombre antes contento.
Tres años duró mi obra
de historieta: dos mil poemas.
RECORDANDO UN AMOR DE ESCUELA
Esas hojas condenadas
a quedar arrojadas en un patio de escuela en otoño...
fueron escritas por mí,
con miles de versos rogando tu amor,
ese, que jamás supe encontrar a tu lado.
Tu cara dibujada, en blancos y negros colores,
en un bosquejo de colegio.
En un banco, sentado, te pienso, te añoro y te siento;
y aunque esas acciones ya son parte del pasado:
hoy perduran, pero me falta el banco.
Tu uniforme de escuela y tu vestido de fiestas,
amados por igual, ya no me visten;
tu carpeta en mi carpeta, tu mano en la mía,
el sendero de regreso: solo recuerdos...
Ese amor de escuela que no vuelve...
Los mosaicos celestes de ese fondo de dos corazones
y un beso: solo fue un instante,
después del beso me perdí,
y aún no me he vuelto a encontrar...
Sigo perdido, recordando un amor de escuela.
SIN TI
Mi piel macilenta, de cadáver aún vivo,
hace de mi cara
un semblante de espantapájaros con vida,
de madera y de paja, y de trigo a sus pies
desprotegidos de los pastos con espigas.
Y soy como una momia:
una persona seca, pálida y delgada.
Mi aspecto: cadavérico y balsámico apocalíptico.
La mirada de mis ojos de vampiro
esconde empíricos secretos de nostalgia.
Demacrada mi cara; el cabello largo, revuelto.
Mis dos ojos, grandes
como blancos planetas luminosos y lejanos,
desorbitados en un vacío de espacio
sin elipse: se pierden... sin ti.
Y sin ti suelo ser un ebrio de la poesía,
embriagado en inacabados versos
e inacabadas horas a la intemperie del insomnio.
Mi aliento es un secreto cansado de callar;
mi pena es un corazón llorando a tu amor.
UNIDOS
Tómame de la blanca mano que alumbra la luna,
yo tomaré de tu rosada mano que ilumina el sol;
y así dos corazones se fundirán
en ese aire oculto donde los tiempos se juntan:
el día terco y la noche madrigal.
Y a pesar del día en noche y de la noche en día,
caminaremos juntos por un sendero luminoso
de una luz que nunca fue viva
del sol ni de la luna;
una luz de amor sincero que brilla.
Amor sincero brillando, y nosotros de la mano,
unidos como cadenas de miel;
somos un solo cuerpo, un solo alma,
un solo corazón, una sola luz enamorada;
somos sincero y eterno amor;
eterno amor porque siente el alma.
El alma es eterna, como el amor verdadero;
y nosotros nos queremos y cuidamos
pero jamás nos poseemos y vigilamos;
nuestro querer es el amar, y nos amamos.
NOS FUIMOS
La mirada de mis ojos al vacío infinito
del ángulo del cielo de mi alcoba;
alcoba donde duermo y despierto
o no duermo ni dormito.
Escondo y refugio secretos en mi alcoba.
Dorados son los cabellos del asesino
que espera afuera por mí;
yo estoy dentro, sufriendo aquello que perdí.
Cuando sueño en mis artificiales noches,
tú estás siempre vestida de amor
y rodeada de luces de colores,
y yo estoy dormido, pero enfermo.
Tú eres el secreto en una secreta foto;
ahí estás tú, con tu mirada distraída,
como persiguiendo a los bandidos hilos
de las alboreadas luces del amanecer.
Tú tejiste en mí un chaleco de hermosos
sentimientos de verdad y de belleza,
de amor, y de clara alma de inquietud;
pero fui yo el bandido más oculto.
Y así me fui... ocultándome en el viento,
entre las hojas mojadas de rocío
y sacudidas por el aire que sopla
con su helado vapor de invierno;
porque era invierno cuando te vi la última vez.
Fuiste el barro y la costilla de mis ilusiones
nacidas al conocerte.
Y me fui porque te fuiste; y nos fuimos...
LLUVIA DE AMÉRICA
El cielo está desatando su rabia gris,
romperá en un llanto inmenso
cuando desahogue su tristeza en cántaros de furia:
así lavará todos los cabellos
de los edificios de la ciudad abandonada.
Se mojarán las calles desabitadas
en un día de descanso como hoy;
el viento barrerá las hojas de las veredas
y limpiará hasta el último rincón
de la triste Buenos Aires.
Hoy parece a Europa esta América,
con el cielo gris de rabia y de lluvia;
cuando acabe de llorar el firmamento
se convertirá el lamento en esperanza,
con un sol tibio volviendo.
Y cuando el sol vuelva habrá
un puente de colores en lo alto, sobre el suelo del puerto;
aquí, en América, las penas sanarán
como en Europa secan las ropas
de su vieja historia viva.
TÚ SABES
Por ti encendería intenso el fuego de mi espíritu
hasta incendiarse mi voluntad, tú sabes.
Por ti transpiraría cada gota quieta de sudor
hasta ser un río mi labor, tú sabes.
Por ti derramaría cada lágrima de llanto
destilado de la sangre del corazón, tú sabes.
Por ti entregaría mis ojos marrones de nuevo siglo
a las hélices fatigantes del insomnio, tú sabes.
Por ti condenaría mis pestañas al fuego del aire
cortante de las noches interminables, tú sabes.
Por ti apagaría la magia de mis sueños
y de mis ilusiones aladas, tú sabes.
Por ti inventaría historias jamás sucedidas,
solo para encender el brillo de tu oro, tú sabes.
Por ti mataría y por ti moriría;
por ti sería quien nunca pensé ser, tú sabes.
Por ti cedería el lugar tranquilo de mi hogar
para en un fondo quedar solo, en penumbras, tú sabes.
Por ti crearía maratónicos versos rimando
hasta morir la noche y nacer el día, tú sabes.
Por ti esclavizaría mi libertad y mataría mi vida
para solo ser poeta.
Pero tú sabes, mi bella amada endemoniada,
que el amor no es así.
Y ahora puedes tú saber, que al instante en que te amo, te abandono.
Entonces te amaré en versos puros, alejado de ti;
porque estando a tu lado, no sabría amarte así.
CRUJIDERO
Se mancha el pecho de mi camisa
de rocío caliente de crúor;
cruento momento de mi vida
en que la herida es todo el ser.
Mi cerebro: un crujidero de recuerdos
que en las ramas flojas de mi mente
ya están al caer
como secos frutos de hiel.
Las lunas eran de miel
cuando mis noches eran calmas
y tibias de tiempo sereno
en que el espacio me arropaba.
No hay más fondo que alcanzar;
se lo ha robado mi sádico
ser para que no cese de caer
mi cuerpo y el abismo sea mío.
¡Cómo crujía anoche
el recuerdo de la noche más larga,
allí en el sur del fin del mundo!
¡Cómo crujía allí adentro!
Y crujiendo mi alma toda
por tal cuerpo malherido,
me encierro en el pánico
del crujidero del pasado.
ENCARCELADOS SUEÑOS
Un barco anclado en oscuro puerto;
en el muelle el farolero no ha venido,
dormido ha quedado en su aposento,
desdichado: sueño de faroles de libertad.
Un pantano eterno devora los sueños
de esos niños coloridos
que en las brumas del tiempo
han sido esclavos de su hastío.
Las diamantes almas de primavera
ensombrecidas quedan en frío duro
de muros aislados del mundo,
en calabozos bajo tierra.
Un cigarro alado de ilusión,
apagado, arrojado en un rincón
de mármoles de polvo y suela:
un corazón que ya no vuela.
El féretro del cuerpo mío de ayer,
hondo ha quedado en el pasado.
Grita ardida tu voz muda
de un suspiro que fue incendio.
NUESTRO MAR
Ahóndame en el mar de tus entrañas
dulces de secretos nocturnos,
de milagros de madrugada
-cuando el amor es alborada-.
Navega en mí con tus perlas
vivas, parecidas a peces de coral;
permíteme navegar en toda tú
para gozar el agua de tu río.
Naveguemos juntos a esas horas
en que es hielo el rocío
allí afuera, y dentro, nosotros,
como dos veleros de la aurora.
Seamos líquido fluyente
de las cataratas de la mente;
seamos verdad en la mentira
de esta frívola, helada vida.
Como dos veleros naveguemos
sin rumbo en nuestros ríos,
hasta ahondarnos en el mar
y ser un solo y puro amor.
MI RECUERDO
Por la seda liviana de tus cabellos.
Por el sutil brillo de tu mirada
enamorada de la mía, lejana.
Por el desfile de tus carrozas de sueños.
Por el aire esperanzado de tus ilusiones aladas.
Por las perlas suaves, nudillos de tus manos.
Por los planetas escondidos en tus párpados
caídos de tan siesta aletargada.
Por tu mudo mundo de confesiones.
Por la miel de tu nido tierno
de sismo y de secreto.
Por la magia de tus emociones.
Por el guadal de tu húmeda soledad.
Por tus lágrimas de llanto,
de belleza o de espanto.
Por tus sentimientos de nobleza y de verdad.
Por la alfombra de latidos de tu corazón.
Por tu voz de alondra y tu suspiro
de río turbio enamorado.
Por tus horas todas de dolor.
Por los rincones de tu alma entristecidos,
o por los lados más alegres de tu tiempo.
Por los senderos interiores de tu cuerpo.
Estará en tu vida mi recuerdo vivo
por todos estos recuerdos de ti.
CAMPOS CON SECRETOS
Bajo esa nuca plateada de la luna,
de flecos mágicos y de hilos,
brillo sedentario en el aire,
se iluminan los pastos y el trigo.
En los campos, al costado de la ruta
de tierra, taciturnos caminos;
en las plantaciones por la noche,
de azul bruma los cultivos.
Los bosques son contorno
de los campos sembrados;
quedan lejos los arroyos
de piedrecillas y espumas.
Un cerco de húmeda madera
es frontera de los pastos y la ruta.
Espigas y serpientes y sapos
y cigarras y luciérnagas y coplas...
El azulado bosque a lo lejos,
las contorciones de la noche,
las melodías del viento,
fantasmales ecos, confesiones.
Todo esto no fue cierto,
todo esto fue en un sueño
de carretas y caballos,
de campos con secretos.
SU PARTIDA
Mi cara desfigurada en el espejo
delata las horas de sueño perdido
que con el tiempo se me han ido;
cuando vuelve el día terco...
Mis ojos rojos, como heridos,
por el cansancio contenido;
mis pupilas dilatadas
como lagos desbordados.
Mi corazón está roto:
para siempre, ella se marchó;
faltó esa mirada entre los dos,
como de tierna despedida.
Pero en tiempos anteriores
a esa tan cruel partida,
hubo una mirada profunda
y misteriosa y brillante,
parecida a las luces
del inacabado Universo.
El tiempo no llega;
con su corriente de furia,
no tiene piedad el caudal de la vida
en mi alma arrepentida.
Tres días y tres noches sin dormir;
en mi espíritu: dos corazones
rotos, un puño de sangre al escribir,
ardiente fuego quemando al cuerpo.
Solo afuera existe brisa,
es invierno, llueve rocío:
el cristal de la ventana mojado;
el corazón: ardido, enamorado.
PERDÓNAME
Perdóname; tu alma en mi alma
siempre era, de veras,
un corralero sujetando y conteniendo,
al rodear, mi insegura silueta.
Perdóname; tu sonrisa en mi sonrisa
como una guirnalda siempre era,
fiesta acabada en mis labios,
y tú, la alegría alimentando.
Perdóname; tu mirada en la mía,
mirada ciega, sin el brillo de tus ojos;
tú mirabas por los dos;
tú eras la luz de nuestro mundo.
Perdóname; tu energía en mi energía
era vital fuerza, como rueda
que rodaba por las dos
energías del amor; siempre tú.
Y perdóname, por todo perdóname:
por ser el alma de mi alma,
la sonrisa de la mía,
la mirada de los dos,
la energía siempre tuya...
Hoy el viento no es brisa,
me lastima en el centro
del solitario corazón.
PINTADO DE NADA
En un banco de madera, pintado
de nada, con mi vacua mirada
de manicomio y acertijo,
y de blanco, blanco vacío...
Espero que no vuelva tu fantasma
de despecho y recelo;
eres aire que está siempre
ahogándome en el pecho.
Como una flor deshojada en el viento
de furia y de bronca absurda;
los pétalos que se pierden
en el cielo, son los últimos recuerdos.
En un banco de madera, pintado
de nada; banco de plaza
vaciada de niños que jugaban
a los sueños enteros convertidos.
Yo no puedo más jugar:
me falta lo esencial,
no lo puede el dinero comprar;
no lo puede el tiempo borrar.
Pero de todas formas deseo
que tú no vuelvas a mi centro:
soy un tímido bohemio
que no se anima en la mirada.
DESPEDIDA
Aquí, bajo secreto oscuro aquietado,
mi errátil vida es un legado
de esas mudas confesiones:
emociones que callaron para siempre.
Aquí, curiosos los átomos del silencio;
el sereno de los nidos de mi hogar: despierto;
nadie une en encuentro sus pestañas,
nadie duerme, si la noche llueve infiel.
Aquí, con el llanto henchido de penas
abundantes, ayer, cayeron lágrimas tiernas;
hoy: limpio alabastro espiritual,
blancas mejillas de coral.
Aquí, en suelo disecado de tierra o nieve,
de erosivo polvo barredor
de corazones, que se ha ido
con el humo loco del olvido.
Aquí, con mis pies adormecidos de quietud,
tus huellas se han perdido de mis pasos:
arena amarga se convierte en el tiempo
de mi vida en que estás lejos.
Aquí, mi cuerpo abstracto es dañado
por los filos de la luna quieta y malvada;
mi pequeño corazón se endurece,
se embalsama, ¡se transforma en muralla!
Aquí, con heridas merecidas de la vida,
inmóvil estoy, como una roca en su cueva
lúgubre, de sueños azules,
en tal aire desligado de dicha.
Aquí, soy roca que no es roca,
pues siento frío y tiemblo, y pienso
en las bondades de un alma ausente;
es tu ausencia: mi ausencia en mí.
Aquí, de frío cuajado, primaveras y veranos
han muerto en hielo celeste, para siempre;
le ocurre lo mismo a mi suerte, sin mañana:
mañana estaré muerto y congelado.
Aquí, mi despedida a toda tú...
Mi despedida es tu dulce cuchilla envenenada;
tu hoja metálica, impiadosa
se ha clavado en mi pecho izquierdo.
Y aquí, ya no encuentro vida útil; herido,
arrojado en el rincón más tenue del mundo;
¡oigo trompetas de almas armoniosas
que vienen por mí!: blanca despedida…
CENTINELA
El centinela de mis noches: fantasmal espectro.
Mi pellejo se parece a un cauce
todo envuelto, apretujado, de llagas
de los bajos fuegos del amor.
Mi corazón: infierno en auge de lumbre.
Mi sana vida, derrumbada hace tiempo;
solo ruinas quedan hoy, allí,
en la descampada alfombra de latidos.
Un sereno nocturno, enciende velas
para aliviar los aniquilados amores,
extinguidos en la distancia
del tiempo y del espacio.
Mi amor perdido es distancia;
quedan lejanos sentimientos
de amor y de belleza, y de nobleza;
mi calma cayó al abismo del desvelo.
Mi ansiedad es un ansia con vida propia
de las rutinas adentradas en soledad
de estar solo de verdad, y me muevo
entre nubes y lunas de artificio.
Al papel todo escribo, todo entrego.
Mi noche de tristeza: todas las noches.
El centinela volverá a visitarme,
será imposible verle los ojos.
CEMENTERIO DE SOLEDAD
Se desploman los huesos de mi cuerpo
como el idilio terminado
de un amor hecho pedazos;
tu ausencia: mi cautiverio.
El presente del cuerpo mío de antes:
polvo arrojado en el suelo
de un cementerio de soledad,
en el vacío de mi alcoba.
He perdido en mi mente la razón,
no por desamor, sino por soledad;
esa misma soledad que me entierra
hondo: hermético sufrir.
El silencio nocturno puede esconder
heridas de otras vidas de esta vida,
momentos ayer ocurridos
que son tumbas del recuerdo.
Como la bruma oculta los cabellos
del trigo de cultivo en medianoche:
las tinieblas borran mis rastros
en los fríos suelos de invierno.
Cementerio de soledad; funeral.
La sonrisa se borró de mi rostro
cuando se escribió “melancolía”
en las hojas de mi vida.
ESE TIEMPO ENCANTADO
Tus planetas luminosos de lejano espacio
me encandilan, no me permiten así
ver la vida de rutina de la gente;
delante de mí: una niebla luminosa.
Ese tiempo encantado, hoy remoto;
fue mi devoción añorarlo, recordarlo,
sentirlo como una grieta en mi pecho,
como un vacío; fue abismo a mi lado.
Pero tú..., tú estás siempre volando
por mi cielo cubierto y amargado;
mis noches son oscuras, sin luna,
sin estrellas, sin fuego de horizonte.
Y solo me quedo, conmigo, encerrado.
Tu encantamiento de hechicera enamorada
fue la morada de mis versos desgarrados;
me destruyó adentro, aunque respiro;
respiro y sobrevivo al paso del tiempo.
Inoportuna condena de mi espíritu en calma.
Ese tiempo encantado ya no encanta,
y ya no vuelve: duele el alma.
TU AUSENCIA
Hoy, tu ausencia: aire frío que me quema;
verdadera causa por la que
ya no me abriga tu cálida alma,
ya no me cuidan tus manos,
ya no me quieren tus besos.
Hoy, tu ausencia: sepultura de mis flores;
mar invisible que me ahoga
por haberte amado tanto
como se ama en amor puro,
como uno borra al futuro.
Hoy, tu ausencia: pálido reflejo de mí,
este yo en este extraño, vacuo presente;
presente extinguido en muerte rara,
presente extinguido en el olvido
- quedó olvidado el tiempo bueno -.
Hoy, tu ausencia: todas estas tragedias;
y la lluvia cayendo en la acera
y en las calles: decadencia
solitaria, cuando hay luna
en un cielo de tinta y de mercurio.
CINCO FLORES
Nacen cinco flores en el jardín de la desesperación...
La primera, nace de lo perdido, ¡de lo que no existe más!
La segunda, es por mi silencio, en algún lugar del tiempo...
La tercera, nace sin sol, en plena oscuridad: es flor de la noche,
y de todas las noches anteriores...
La cuarta, es flor de mediodía, de plena luz del día;
nada artificial, toda natural;
es flor de la eterna alegría y de la absoluta felicidad...,
pero de aquella, que no existe más...
La quinta, la última flor, nace en un abismo, es yuyo del vacío...
DE MI PERDÓN A SAMANTA
Hoy, perdón sincero a ella le pido,
con vergüenza y sufrimiento,
con desencanto por el rumbo
que en mi locura he decidido.
A la vida el respeto le he faltado,
no he luchado en campo interno
de un espíritu volátil:
no he querido alzar vuelo.
Tantas palabras, tantos sentimientos...
Sentimentales palabras calladas
por la boca muda del miedo
a decepcionarse en ala amarga.
Palabras mudas, sentimientos ocultos:
palabras y sentimientos se volaron
en los remolinos feroces del viento;
sentimentales palabras: tumbas de silencio.
Palabras del corazón nunca dichas:
solo habló la desdicha de mi tiempo
presente, en que he sido esclavo
de un solo y propio fundamento.
Demasiado sensible a la belleza del alma,
demasiado sensible a esa dama
de piel de alondra y cabellos de fuego
y ojos de miel: a ella, a Samanta.
Y con su nombre sobre la arena,
se han borrado sus huellas, se han borrado...
El amor duró el instante de un suspiro
de encanto y desencanto y de cariño...
De melancolía sostenida, de días iguales,
de voz afligida, del alba en la noche,
de los sueños de diseño en la tarde,
de las pesadillas soñadas despiertas:
de todo eso fue ese tiempo, ya pasado...
Pero ese tiempo ha sido muerto,
entonces vuelvo a las palabras
mudas, calladas, desoladas,
apresadas en algún rincón del miedo.
Palabras mudas, sentimientos ocultos.
De esos momentos solo el recuerdo queda;
de ella: una foto conservada en un cajón
cual si fuese oro en cofre de isla;
mi alcoba: la isla; el cajón: el cofre; su foto: el oro.
Y ella, solo ella, toda ella: no es oro;
no existe dinero sobre el mundo todo
que a su alma pudiese comprar:
su precio es el precio del amor.
DE MI PIEL
Con los dientes apretados, el puño cerrado,
la tinta entre los dedos
y los versos en la mente sensible
que no miente en su oculta causa.
Un saquito de té esperando el descanso;
un saco me arropa, pues me hiela el frío;
el ocaso quedó lejos y la noche es silencio
perpetuo de hogares dormidos.
En las calles nocturnas, desiertas,
hay fantasmas que no entienden de la vida
y no saben donde van
con sus desvanecidos sueños de familia.
Esa cadena de miel dulce que nos unía
y protegía, sin respeto del tiempo,
se ha roto por siempre, es cenizas;
el incendio también devoró a mi corazón.
Mi piel se ha derretido en las llamas;
hoy soy un muerto en vida, un pálido reflejo
de quien fui en el ayer:
tiempo anterior a este vacuo presente.
Este poema es de mi pena; de mi río
de llantos y cánticos de triste embriaguez;
de las furias desatadas en las entrañas de mi cuerpo;
de las tempestades de mi hermética soledad.
Este poema es de la noche vieja;
de la decrépita luna y el sol dormido;
de mi insomnio inacabado;
de mi rumbo errante; de todo lo de antes.
Este poema es de mis dedos secos y cortados
de tanto empuñar, de tanto escribir.
Este poema es de mis amigos ausentes; de mis queridos seres.
Este poema es tuyo, mi endemoniada dama.
Este poema es de mis uñas devoradas
por la ansiedad de quien soy;
de mi cuerpo macilento y arrojado en fríos rincones.
Este poema es de tantas más cosas...
Y sobre esas tantas más cosas: este poema es de mi piel.
